LA EXCELENCIA DE LAS JIRAFAS


 

Siempre me maravilló África, cuna de la humanidad, casi nada. Un tema que apasiona, la evolución del hombre, a partir de las distintas especies del género homo. Curiosamente, fueron las dificultades del medio y nuestra fisonomía “frágil”  lo que nos hizo permanecer y dar un salto hacia adelante. El rudo ambiente de la sabana hacía muy difícil masticar la vegetación, amenazando a nuestros antepasados. La reflexión y experimentación nos llevó al uso de la piedra, a su tallaje para triturar el alimento. De esta forma, surgía el Homo Hábilis hace 2 millones de años, aproximadamente. Fue nuestro punto de partida. Después llegaría la aventura fuera de África, el descubrimiento del fuego, la conciencia de la muerte, el origen del Arte que mezclaba la magia, el ritual con la necesidad de transcender y un largo etcétera hasta la conquista del espacio.

     La debilidad, entendida como algo peyorativo, fue lo que nos permitió agudizar el ingenio y perpetuarnos. “Los que piensan”, piensan demasiado y otorgan a las palabras significados que carecen de alma o cargas más profundas. Cualquier adjetivo entendido como “negativo” puede ser nuestro oasis en el mundo de los fuertes, los competentes, de la belleza de plástico. Esta es, lamentablemente, la excelencia del presente, que nos lleva a un abismo de oscuridad y fotocopia. Disimulamos la debilidad, la fragilidad por la apariencia.

     Yo me quedo, retomando el mundo de África, con la excelencia de las jirafas. Se esforzaron para llegar a las copas más elevadas de los árboles para alimentarse y lograron alargar sus cuellos. De nuevo, la fragilidad, hace crecer. Quizás, el cuello de estos mamíferos pudiera parecer demasiado exagerado, incluso deforme para nuestro mundo de lo estético o armónico. Por tanto, la “imperfección” nos permite subir escalones a otras cumbres, para gozar de horizontes infinitos.

     A los conceptos de debilidad, fragilidad o imperfección añado uno más porque de nada sirve tener unas determinadas características sin más, es decir, sin manejarlas. El “esfuerzo” permite superar obstáculos como buen jinete. ¿Es necesario ser un pura sangre para superar las barreras? No, todo lo contrario. A diario vemos a ancianos con andadores, muletas que se resisten a dejar de comprar el pan a diario. Están limitados pero luchan, se esfuerzan y los “sanos” preferimos hacer una llamada para que nos traigan un menú a casa.

     El esfuerzo de los frágiles hace que me detenga a pensar sobre ello. Mientras que el mundo se deja atrapar por carcasas “perfectas” aunque huecas, yo quiero explorar mi debilidad y aceptarla, no como límite, sino como una cualidad. Los ancianos dan lecciones de coraje pero hay muchos más ejemplos. Los ex adictos, aclamados en EEUU, por el poder de su mente o los discapacitados, capaces de crear auténticas obras de Arte aunque carezcan de brazos. Este es un nuevo tipo de excelencia que pese a cubrirla con cemento, siempre emerge.

 


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