MOSQUETA Y CALCETINES DE COLORES.
Ayer me contó mi amigo Agustín una anécdota extraordinaria. El gran Mario Moreno, más conocido “cantinflas” fue casi tragado por una tormenta cuando iba a dar un pregón en Cádiz por motivo del Carnaval chirigotero en el año cincuenta y tantos o sesenta. Desde un coche, tirado por esbeltos caballos jerezanos, saludaba a un público entregado, devolviéndole con aplausos, la cantidad de veces que les hizo reír, aunque no entendiéramos la mayor parte de sus diálogos. Lejos de acobardarse, el acto se celebró, improvisando un discurso cuyo telón de fondo eran las inclemencias del agua, pues nunca llueve al gusto de todos. Peor aún, cuando el viento de levante hizo su aparición, amenazando trasladar a los presentes a otra comunidad autónoma. Ahora sí, a Cantinflas, le aconsejaron dar por finalizado su pregón. Mi sorpresa fue mayor cuando mi amigo me desveló que los restos de Antonio Machín, el bolerista cubano, descansaban en Sevilla, junto a los de su mujer, natural de la ciudad. ...