SÓLO QUIERO QUE ME QUIERAN
Marilyn Monroe (1926-1962) continúa siendo el gran icono, superando a Leonardo y su Mona Lisa. Es fuente de inspiración, referencia en cualquier campo de las manifestaciones artísticas: Warhol y el Pop-Art, Madonna y su ambición rubia, obras literarias e ilustradas (“Autobiografía” de Rafael Roig, “Una biografía. Marilyn” de María Hesse) y cine (“Blonde”). Cualquier personaje que asista a una alfombra roja y lleve el “toque Marilyn”, es garantía de éxito publicitario (desde nuestra Sara Montiel a la Kardashian). Y no hablemos ya de las casas de subastas, que han superado los cuatro millones de dólares, la venta de sus vestidos más representativos. Podríamos aventurar que conocemos todo de ella, pero existen las sorpresas. La rubia de Hollywood hacía incursiones en la poesía, abriéndonos el camino hacia lo más profundo de su “psike”.
El título de este artículo fue el grito desesperado de la
mujer más famosa del mundo. La novia de América escondía un alma atormentada,
devorada por la soledad y el pánico, que no perdió las ganas de cultivar su
talento para ser una actriz con mayúsculas, una actriz dramática, y alejarse
del papel de rubia superficial que tantos dividendos daba al Hollywood más
descarnado.
La infancia determina nuestro ser del futuro. Muchos
coincidirán conmigo en calificar esta etapa como el verdadero paraíso,
conscientes de su trascendencia cuando ya la dejamos atrás, en pasado. Es un
tiempo mágico, distinto a la pauta del reloj, más lento, más luminoso y con la
intensidad del que persigue un balón o salta sobre los charcos. No fue el caso
de Marilyn: “una niñita sola y asustada” que caminó sobre el fango de los
abusos, el maltrato o el abandono, ejecutados por su madre y los distintos padres
de acogida. Tormentos que dejaron una pátina de tristeza, un fantasma, una
herida siempre abierta. ¿Cómo olvidar los baños de agua extremadamente
calientes? ¿Cómo olvidar despertarse pataleando porque te están asfixiando con
una almohada? ¿Cómo sobrevivir al pedófilo?...
Por supuesto, hubo consecuencias: la necesidad de sentirse amada
hasta la humillación en un mundo de piratas vencedores, que la dejaban a la
deriva, naufragando al capricho del oleaje, sin otro aliento que abandonarse hacia
el fondo del mar y desaparecer. Era entonces cuando “al modo de Tom Hanks” llegaba
a islas que la salvaban de cada decepción. Enclaves que no fueron otra cosa que
el conocimiento; la ciencia (sus conversaciones con Albert Einstein), el mundo
espiritual (indagando sobre Dios y el alma, la felicidad, a partir de culturas
milenarias como la tibetana o la nipona), la psicología (Freud y el
psicoanálisis), la filosofía del Viejo continente (Platón, Aristóteles), el
arte (captando a Goya y sus pinturas negras), la literatura (Truman Capote,
James Joyce, Dostoyevski) y, como no, la poesía (García Lorca, Rafael Alberti).
Marilyn es un caleidoscopio porque ni con estas letras puedo
rozar todo su universo. Tenemos su manera de pensar y sentir en escritos,
cartas, poemas, notas, que revelan una gran sensibilidad, reconocida por
directores con los que trabajó como John Huston, su profesor de interpretación en
el Actors Studio de New York: Marilyn tuvo la humildad de asistir a clase con
principiantes cuando ya era conocida mundialmente. Ir de noche a la Universidad
para aprender literatura y arte porque quería ser capaz de mantener
conversaciones cultivadas. Ella podía ser de todo, menos idiota. Permítanme
citar la reciente publicación de Carmen Moreno “Los caballeros las prefieren
muertas”, autora de nuestra tierra con una obra comprometida, diferente.
“Caballeros de corbata” que intentaron encerrarla en una jaula de oro a lo que
ella respondió con su propia productora, algo “prohibido” en un mundo hecho por
y para los hombres.
En sus escritos
desnuda el alma, anhelos y frustraciones. Su idea de Dios como un ente limitado,
de lo contrario “¿Cómo iba a permitir los sufrimientos de este mundo?”, el alma
como átomo no perceptible similar al aura. Su amor por la naturaleza, los
animales, los niños, la gente sencilla y feliz que inspiran a los genios de la
Historia… Sensibilidad que la aleja de los diamantes, del Chanel Nº5, del paseo
de la fama…
Su lírica, de verso libre, es espontánea y, al mismo tiempo,
sosegada y reflexiva. Presenta una dualidad entre el amor y el desprecio, la
felicidad y la tristeza, la calma y el desasosiego, la vida y la muerte.
Pasado, presente y futuro se entrecruzan como una trenza, a veces demasiado
apretada, a veces desecha…Me gustaría destacar dos poemas que me conmovieron.
El primero de ellos me recordó a la trama de la gran película “El marido de la
peluquera” (Patrice Leconte, 1990) donde plantea la idea de la muerte en el
cenit de la felicidad. El segundo, confirma la dualidad que sugiero “Sucia por
fuera, tierna por dentro” ¿Describe un río o a ella misma?
“Sólo quiero que me
quieran” fue el gran objetivo de la actriz, su canto de cisne, que logró con
creces. Alcanzó el respeto y admiración de la profesión, público y crítica por
su trabajo pero también el cariño hacia su persona. Abordar un tema como
“Marilyn” hace complicado separar ambas realidades y eso la engrandece, la
humaniza más todavía siendo el secreto de su eterna juventud.
HOY
Hoy no tengo ninguna
preocupación,
hoy respiro aire libre
al aire libre,
hoy no sufro
por el amor de nadie
ni recuerdo a la niña
humillada que fui,
hoy soy feliz,
hoy quisiera estar muerta.
EL RÍO
Amo el río,
ese río
silencioso
que cruzan
gaviotas y navíos,
amo su agua
oscura y dulce,
sucia por
fuera,
tierna por
dentro.
Me gusta
pasear por sus orillas,
escuchar las
cosas que me dice.
Me gusta
mirarlo
desde el puente,
cerrar los
ojos,
soñar con
que me tiene
entre sus
brazos,
me tiene
para siempre.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "ENVERSO" PRESENTADA EN EL ATENEO DE JEREZ.
ILUSTRACIÓN DE @LURYUS.ART
Comentarios
Publicar un comentario